Sabores de otoño: vinos y maridajes sin reglas
El otoño tiene sus propios sabores. Vuelven las calabazas, las setas, las castañas, los frutos secos y las especias. Apetece encender el horno, recuperar las recetas que habíamos aparcado durante el verano y dedicar algo más de tiempo a cocinar.
Cambiamos de armario casi sin pensarlo. Guardamos las sandalias, recuperamos las chaquetas y adaptamos nuestros planes a los días más cortos. Pero ¿tenemos que hacer lo mismo con la vinoteca?
Asociar el otoño exclusivamente con tintos potentes es una costumbre que merece la pena cuestionar.
Los blancos siguen teniendo su sitio, las burbujas no entienden de estaciones y un tinto tampoco necesita ser especialmente intenso para acompañar los platos de temporada.
El otoño cambia la mesa. Lo interesante es descubrir qué nos apetece beber con ella
¿Qué vinos apetecen en otoño?
La respuesta tiene más que ver con lo que vamos a comer y con nuestros gustos que con la temperatura que marca el termómetro.
Los platos de temporada incorporan nuevas texturas, ingredientes asados, salsas y sabores más concentrados. Algunos agradecerán un vino con mayor estructura, mientras que otros encontrarán su equilibrio en un blanco con buena acidez o en un espumoso capaz de aportar frescura.
Una crema de calabaza no pide necesariamente lo mismo que un risotto de setas. Tampoco unas verduras al horno, un queso curado o unas castañas asadas.
En lugar de decidir primero el color del vino, podemos empezar por lo que tenemos delante: ¿predomina la cremosidad, el dulzor natural de las verduras, el tostado, la intensidad de las especias o la grasa del plato?
A partir de ahí se abren muchas posibilidades.
Cambio de armario y de vinoteca: ¿qué guardamos realmente?

Con la llegada del otoño solemos guardar la ropa de verano. Con el vino, en cambio, no hace falta hacer un cambio de temporada tan radical.
Un blanco con textura puede acompañar perfectamente una comida otoñal. Un Champagne funciona junto a numerosos platos salados y un espumoso puede aportar un contraste interesante frente a preparaciones cremosas o fritas.
Los tintos también tienen mucho que ofrecer, desde estilos ligeros y frutales hasta vinos con más estructura para platos de mayor intensidad.
La clave está en abandonar la idea de que el frío exige necesariamente más cuerpo. La frescura, la acidez, la fruta y la textura también forman parte de los sabores de otoño.
Tres propuestas para descubrir los sabores de otoño
Calabaza, pistacho y avellanas. Tres ingredientes reconocibles, tres sensaciones diferentes y tres botellas con las que proponemos explorar la temporada.
No se trata de afirmar que cada vino sabe al ingrediente que lo rodea en las fotografías. La idea es jugar con los sabores, buscar afinidades y descubrir nuevas maneras de combinarlos.
Calabaza y especias: un blanco que no se queda en verano
La calabaza tiene una particularidad interesante: su dulzor natural se intensifica con la cocción, especialmente cuando se asa. Si añadimos especias, hierbas aromáticas o ingredientes cremosos, podemos obtener preparaciones con bastante personalidad.
¿Y si en lugar de buscar automáticamente un tinto elegimos un blanco aromático?
Cojón de Gato Gewürztraminer, de la D.O. Somontano, combina Gewürztraminer con Chardonnay. Su perfil aromático y su equilibrio entre expresión frutal y frescura abren posibilidades interesantes para platos en los que conviven notas dulces y especiadas.
Podemos probarlo con una crema de calabaza especiada, verduras asadas o preparaciones que incorporen un toque de jengibre. El objetivo es buscar armonía entre los ingredientes y el carácter del vino, sin que ninguno domine al otro.
Una manera de seguir disfrutando de los blancos cuando las temperaturas empiezan a bajar.

Pistacho: un pequeño giro hacia el final de la comida
Los frutos secos tienen una presencia especial durante estos meses. Aparecen en aperitivos, salsas, recetas saladas y, por supuesto, postres.
El pistacho nos permite introducir una propuesta diferente: una crema de licor que no intenta ocupar el lugar del vino, sino ofrecer otra forma de terminar una comida.
Crema de Pistacho Russo aporta ese perfil cremoso y el sabor característico del fruto seco que inspira toda la composición.
Podemos reservarla para después de comer, servirla bien fría o explorar su combinación con un postre sencillo en el que el pistacho tenga protagonismo. También resulta interesante junto a elaboraciones de chocolate blanco, siempre buscando que el conjunto no resulte excesivamente dulce.
Aquí cambiamos de categoría y también de momento: pasamos del vino a una propuesta para la sobremesa.

Avellanas y sabores tostados: vuelve el tinto a la mesa
Las avellanas, las castañas, las setas y las verduras asadas tienen algo en común: nos llevan hacia sabores más profundos y, en muchas preparaciones, hacia esas notas tostadas que asociamos con la cocina de otoño.
Es un buen escenario para recuperar un tinto, aunque no hace falta que sea especialmente contundente.
Tramposo Capa Larga, de la D.O. Ribera del Duero, es un Tempranillo con una breve crianza de cuatro meses en barrica. Una combinación que permite introducir matices de crianza sin convertir necesariamente el vino en una elección reservada para platos muy intensos.
Podemos llevarlo a una mesa con setas salteadas, carnes asadas o recetas que incorporen frutos secos y verduras al horno.

¿Cómo combinar los sabores de otoño con el vino?
No existe una combinación obligatoria para cada ingrediente, pero sí algunas pistas que pueden ayudarnos a descubrir nuevas posibilidades.
| Plato o ingrediente | Qué podemos buscar en el vino |
| Calabaza asada o especiada | Un blanco aromático con frescura |
| Setas salteadas o risotto | Un blanco con textura o un tinto de cuerpo moderado |
| Verduras al horno | Blancos gastronómicos, rosados o tintos frutales |
| Quesos cremosos | Espumosos con buena acidez |
| Carnes asadas y guisos | Tintos con estructura acorde al plato |
| Fritos y aperitivos salados | Espumosos secos |
La acidez puede equilibrar la sensación grasa de determinadas preparaciones. La textura ayuda a que un blanco acompañe platos cremosos sin perder protagonismo, mientras que la estructura de un tinto puede resultar interesante junto a recetas de mayor intensidad.
Pero también cuentan nuestros gustos. Un mismo plato admite combinaciones muy diferentes según sus ingredientes, su elaboración y lo que nos apetezca beber.
¿Champagne y espumosos en otoño? Por supuesto
Las burbujas no tienen por qué desaparecer cuando guardamos la ropa de verano. De hecho, el otoño ofrece numerosas oportunidades para disfrutarlas en la mesa, más allá del aperitivo o de una celebración.
Un Champagne puede acompañar una comida de principio a fin. Desde los primeros aperitivos hasta platos de setas, pescados, quesos o elaboraciones con mantequilla, su diversidad de estilos permite encontrar propuestas para diferentes momentos de la mesa.
Y no todo termina en Champagne. Otros espumosos ofrecen posibilidades igualmente interesantes: algunos destacan por su frescura y ligereza, mientras que los elaborados mediante el método tradicional pueden desarrollar mayor textura y complejidad según su crianza.
¿En qué fijarnos al elegir? En la acidez, el nivel de dulzor, la estructura del vino y, por supuesto, las características del plato.
Si te apetece explorar otras burbujas, descubre nuestra selección de Prosecco, con diferentes estilos para acompañar aperitivos, comidas informales y encuentros alrededor de la mesa.
Porque la elección tiene mucho más que ver con lo que nos apetece beber que con la estación del año

El otoño también puede ser una excusa para descubrir
Basta con abrir el armario para comprobar que la temporada ha cambiado. En la mesa, las señales son otras: regresan determinados ingredientes, recuperamos recetas y los encuentros empiezan a tener un ritmo diferente.
Podemos acompañar una crema especiada con un blanco aromático, disfrutar de un tinto con un plato de setas o descorchar un espumoso para una comida de domingo.
Y, cuando llegue la sobremesa, dejar espacio para algo tan diferente como una crema de pistacho.
No hace falta elegir entre frescura e intensidad ni guardar determinadas botellas hasta la próxima primavera.
Este otoño, menos reglas y más por descubrir.